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Un día en Microteatro Venezuela

Diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos, uno. Hay que correr porque la nueva temporada –la décimo segunda- de Microteatro Venezuela comenzó el miércoles 3 de enero

Lo primero que se advierte al llegar al Urban Cuplé, ubicado, ya se sabe, en el Centro Ciudad Comercial Tamanaco (C.C.C.T.) de la urbanización Chuao, en El Cafetal, es que hay cambios en esta ocasión.

El primero: las funciones comienzan ahora un poco más temprano. Esto es: a las 6:15 de la tarde. Y también culminan más tarde. A las 9:45 de la noche es la última. Pero, atención, no ocurre con todas las obras,  que han sido clasificadas por colores de acuerdo con el horario.

El segundo: son treinta las micro-piezas en vez de las 26 de las pasadas ediciones. Y ello por una razón: las salas grandes del teatro Urban Cuplé fueron eliminadas y reacondicionadas para albergar más micro-espacios.

El tercero: las entradas cuestan ahora 60 mil bolívares. Pero de miércoles a viernes podrán entrar dos personas por el mismo precio (2x1, pues).

Una vez asimilados los cambios, solo resta entregarse al género de las piezas teatrales de quince minutos.

En vista de que, recién comienza la temporada, no queda otra que elegir un poco a ciegas, aunque siempre haya una que otra referencia a la que se puede uno asir.

Dairo Piñeres, artífice del género de microteatro en el país y quizás por esa misma razón uno de los que mejor parece entender las potencialidades del formato -todos lo pueden reconocer, por cierto, gracias a su cabello teñido de azul y su porte de “dueño y anfitrión del circo”-  ha vuelto a insistir en los temas polémicos y de actualidad, así como en narrativas ingeniosas, para sorprender al público.

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Dairo Piñeres convierte en la sala en un pabellón carcelario gobernado por tres pranes

Lo hace con Open mind, escrita por él mismo y dirigida por Valentina Garrido, en la que se vale de la historia de un hombre que planea asesinar en línea –esto es, conectado a la red- a su amante, para reflexionar acerca del poder de las redes sociales y, de paso, lanzar algunos dardos a los instagramers con más seguidores de la actualidad. ¿Irrael Gómez? ¿Vanessa Senior?  Para qué dudarlo, Theylor Plaza y Kenia Carpio estarán seguramente en la listas de lo mejor de la temporada. Y un dato adicional: la escenografía fue realizada por Enay Ferrer, uno de los artistas plásticos venezolanos más interesantes de los últimos diez años y quien ha convertido a la violencia en columna vertebral de su obra.

Y también lo hace con Pran, pran, pran, para la cual Piñeres ha transformado la microsala de teatro en un pabellón carcelario en el que tres pranes (abuelo, padre e hijo interpretados por Gonzalo Guerrero, Henry Soto y Luis Carlos Boffil) se disputan el poder del penal, mientras una horda de reos revela que, según una vieja profecía, solo uno de ellos saldrá vivo: aquel que haya nacido de una no mujer (valga la referencia a Macbeth). Todo ello en clave de musical. Y hasta con requisa en la entrada de la sala, lo que hace subir rápidamente la tensión.

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Mercedes Benmoha: de lo mejor de la temporada

Un tiro al piso es Sin filtro, una comedia ligerísima firmada por Paul Salazar Rivas, pero que se engrandece gracias a su protagonista Mercedes Benmoha, un rostro conocido en el Micro Teatro Venezuela, y un elefante blanco al que todos tienen que voltear a mirar apenas irrumpe en la sala, esta vez convertida en una chica común y corriente, que se inscribe en un cursito “nueva era” en el que terminará contando cómo fue que terminó enamorada de un ecologista amante de los osos panda.

Benmoha, quien en la temporada pasada de los microteatro se metió en la piel nada menos que de la fiscal Luis Ortega Díaz, y quien se ha ganado un puesto propio en máquinaria teatral local –ya sea como actriz o como nobel dramaturga-, tiene un gran don: hacer reír al más amargado. Lo hace a punta de gestos. De frases ingeniosas que parece improvisar con increíble naturalidad. De posturas corporales increíbles. Y de la mayor espontaneidad, esa que le permite salvar la función si la grabación que sostiene buena parte de su monólogo se queda irremediablemente en silencio. 

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No es Ángel Lozano. Es el antropófago Dorangel quien cocina a los políticos

Igual en tono de comedia bien que vale acercarse a Cocinando con Dorángel, de Morris Merentes, en la que el músico (de la agrupación Gaélica), actor y director Armando Álvarez se coloca un gorro blanco para emular, junto con Andrea Pedrón, a Ángel Lozano y a su ayudande, la casi gélida María, del programa televisivo Un ángel en tu cocina. Solo que aquí la pieza está condimentada con realidad local y mucho, mucho, mucho de humor político. Así que el cocinero se llama Dorángel, como el antropófago del estado Táchira -Álvarez logra incluso reproducir la voz real del comegente-, y está a punto de cocinar “paticas de Danilo”, “nalgas de William” y otros platillos que no lucen nada suculentos.

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Alexxey Cordoba, el actor, humorista y productor teatral, se echa encima un dramón de nombre "Fuego"

Quien sí ha dejado de lado la comedia es Alexxey Cordoba, el actor, humorista y productor teatral, quien, bien por él, ha podido dejar claro que sí  le va el drama.

Junto con Luis Miguel Sánchez, se echa encima un enrevesado e interesante dramón de Johnny Gavlovski de nombre Fuego para el cual, queda advertido, es necesario olvidar un poco el jolgorio que impone el microteatro, abrir bien los ojos y los oídos, y tratar de no perder el hilo, que lo que se va a experimentar es una tragedia familiar bastante seria. Dificíl será pasar a los dos por alto a la hora de las nominaciones en la categoría de mejor actor. Y a Gavlovski en la de mejor dramaturgia.

Lamentablemente, hay que decirlo, no siempre resultan las referencias de las temporadas anteriores.

Yanosky Muñoz, otro de los rostros más frecuentes del género teatral de ¼, actor y nobel dramaturgo, defrauda un tanto con Yo la monto, hermana  (por cierto, debería llevar la coma), en la que recrea, con todos los estereotipos, jugueticos de peluquería y vestiditos, pero sin mucho éxito narrativo, el salón de maquillaje de un canal de televisión. Y aunque Giuliana Rodríguez, José Gregorio Martínez y Gabriel Blanco están sencillamente deliciosos como los tres despiadados maquillistas, no son pocos en el público los que se preguntan al salir cuál es realmente la historia o si se trataba más bien de un vetusto sketch televisivo que debía recurrir incluso a la coreografía de Thriller para agotar los 15 minutos. ¿Qué agotará la taquilla? También hay que decirlo, eso es más que seguro. Los ganchos, vaya que los tiene.

Opciones hay 30, en total. Estas son apenas algunas. Y como dicen los mismos actores al despedir la función: “Si les gustó, recomiéndenla. Y si no les gustó, háganlo también, porque vivimos de esto”.

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